A primera escucha


Nos pasa mil veces. Lo leemos en Radar, lo leemos en la Inrocks, y en algún otro lado más, pero nunca lo comentamos. Compartimos la misma información que con toda la facilidad olvidamos, momentáneamente, para recordarnos —un titular más tarde— que quizás valía la pena darle una oportunidad. Así fue que, después de darle de cenar hamburguesas al nene, él abrió la RS (que claro está, estaba de casualidad en mi casa; bien se sabe que yo por cuestiones ideológicas no la compro más). Él leyó su nota y en un bache incómodo de silencio se paró y puso su MySpace.

— ¿Quiénes son?
— El de The Shins (que nunca me cabió) y Danger Mouse.
— ¿Y ése?
— Un productor que trabajó con muchos.
— ¿A lo Pharrell?
— Claro.
— Viste que hay de esos productores que se dedican a rodearse de gente talentosa, les toquetean un par de canciones y se hacen conocidos.
— A lo Mark Ronson, ponele.
— Aha.

El “aha” de él es tan particular, y a mí se me pegó, como tiene que ser. Tanto es así que, el otro día en conversación con Elcalto lo dije inconscientemente así y el maldito no pudo dejármelo pasar. Tuve que reír, era tan evidente todo que develaba entera mi fascinación absurda.

¿De qué hablaba? Ah sí… de Broken Bells, que ya es parte de mi rígido y que es todo el groove que necesitaba este sábado de lluvia constante. Esa sensación de inmediata comodidad con una banda nueva, ese ritmo que hace que el cuerpo se mueva instintivamente, siguiendo la melodía con la naturalidad propia de la vibración correcta. Diez canciones, cortas y sencillas, en su mayoría de fácil escucha (queda tanto mejor “easy listening”) y sin vueltas.

Cuando encontramos la carpeta de una banda que bajamos alguna vez y nos olvidamos de escuchar, él siempre dice que ponga la primera canción porque necesariamente tiene que ser buena, es la carta de presentación; y yo no puedo sino recordar que en varias entradas de este blog siempre me refiero a “la canción que abre el disco”, por alguna razón es sobre la que nunca puedo evitar hablar. Y en este disco la fórmula no falla, The High Road es tranquila y apacible, como un té de invierno, que vaporizador de por medio, desemboca en los ruiditos espaciales y los cánticos setentosos de Your head is on fire (hasta creo escuchar una pandereta).

Y por algo me gustó tan rápidamente, The ghost inside es un pasaje repentino a la pista multicolor, un excelente warm-up para armar un playlist exquisito en una fiesta cool. El barco que lleva a la nada (la canción cinco) es raro. Dos canciones en una que me animo a opinar no quedan nada bien, chocan, me hacen levantar la vista y fruncir el ceño, señal de que algo no anda bien. Un bajón justo en el intermezzo del álbum, un desacierto que un día con menos paciencia y alcohol me harían sacar el disco a la mierda y poner Bee Gees.

La progresión del sexto tema es una confirmación de que había que quedarse y no tomar decisiones apresuradas. Volvió la tranquilidad y acompañada de coros maravillosos. Meciendo inevitablemente la cabeza me encuentra el séptimo tema del disco y no dejo de alegrarme por haberlos descubierto. Otro sacudón y a la pista, perfecto para mi regla de no más de dos canciones por banda en el playlist, la sumo a la cuatro y el warm-up va tomando todo el color.

Cierran Mongrel heart y The mall and the mysery, justo lo más débil del disco. El popazo de la primera y los ruidos de la segunda se ponen molestos por momentos. Sin embargo, ninguna de las dos opaca el gran hallazgo de una banda que Alfie tan genialmente describió como “tipos con ritmo”.

Buena compensación por otro sábado de abstinencia de buenas bandas en vivo.

7 comentarios:

Lisandro dijo...

que felicidad descubrir una banda y que el disco en la primera escucha te atrape. Recuerdo que eso me pasó con los Arcade Fire y más cerca con el de los Shadow Puppets.
Me alegra que vuelva aunque sea intermitentemente a escribir.
Digame: su negativa por causas ideológicas son por esa omisión del nombre?

Antonio dijo...

Pasé, ví, y escribi:

De música sé menos que Guillermo Moreno de medidas arancelarias, solo puedo opinar que algunas veces las primeras canciones nunca son las mejores...es como cuando conoces a una persona y la catalogas, aunque no existen segundas oportunidades para una primera impresión, quizás con el tiempo y otro tipo de tratos pueda vislumbrarse alguna arista positiva de esa persona y cambiar su encasillamiento...demasiadas pelotudeces a esta hora de la mañana, producto quizás de la cafeína tercermundista de este café de mierda que compran en esta oficina de gaznapidos!.

Lisandro dijo...

ahora que? miro mad men?

Todo bien, todo legal dijo...

Hoy por hoy la Rolling Stone es una revista de moda y publicidad, con una nota central de 6 páginas (serán pagas?) Para mi, tanto la RS como la Inrocks dejaron de ser parámetros en lo que refiere a las nuevas tendencias musicales.

Brenda V dijo...

No puedo estar más de acuerdo, mi querido Asel. Pero aun así, a la Inrocks no puedo dejar de comprarla. No me queda otra opción para calmar mis ansias de lectura recreativa de música. Es como cuando votamos, elegimos al menos peor, ¿vio?
Y el olor del papel de la Inrocks... ay Dior... me puede.

My menso, sí, por pura ideología. Me harté de su condescendencia y de sus pelotudeces. Y por esto: http://www.youtube.com/watch?v=pO6jSmJUTYI&feature=related

Todo bien, todo legal dijo...

Totalmente, está bueno comprar revistas, es verdad, la Inrocks tiene como punto a favor el tema del cine y la fotografía, pero en música flaquea...

Joakkin dijo...

Rolling Stone = Gente

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