"Hush, hush, darling"


Un poco por obstinada, otro tanto por miedosa y, en gran parte, por caprichosa aún no sé conducir. Esto implica que, casi un cuarto de mi sueldo (sino más) se vaya en tarifas de taxis.

Harto es sabido que la raza del taxista es peculiar. Entre otras cosas, son seres que nunca eligen su destino, su meta es siempre la de otros. Quizás por esto, la mayor parte del tiempo la gran mayoría de los conductores de taxis andan enojados. Cuando no es por el tránsito (y cuánta razón tienen) es porque les cerraste bruscamente la puerta (esas puertas son im pre de ci bles) o porque el gobierno de turno les tiene las que les cuelgan al plato.

Todos esos motivos son válidos para que su carácter se torne difícil, pero me pregunto ¿cuántas ganas tengo yo de escuchar sus quejas? Yo no me subo a su coche puteando a Scioli por lo que le dejo de Ingresos Brutos, ni maldiciendo a mi depiladora porque me dejó pelos y me arrancó la cabeza. Mis quejas son mías, y por filiación de mi familia, amigos y novios; entonces, ¿por qué los taxistas sienten la necesidad de hacerme a mí interlocutora de sus problemas? No sé por qué, y poco importa, sólo pretendo que dejen de hacerlo. Quiero que todos los taxistas sean como el que me tocó en suerte ayer.

Era de noche, tenía toda la semana en mi espalda y paré un taxi en 12 y 47. No bien vi al conductor una sonrisa enorme se plantó en mi cara. El señor, pelilargo y entrado en canas, tenía un cigarrillo prendido en sus dedos. Automáticamente luego de apoyar mi trasero en el asiento, que como debe ser no estaba recubierto de nylon (en el verano no hay forma de no quedar pegado a esa bosta) le pregunto más por cortesía que por intriga, si podía yo también prenderme un cigarrillo. Accedió, qué hipócrita tenía que ser para no dejarme. Ya el viaje estaba armado, pero cuando confirmé -una cuadra y media después- que era de los que no necesitaban hablar, entendí que mi felicidad era completa.

Así es que pude tener el placer de fumar mientras me trasladaba en un vehículo motorizado (sólo un vicioso podrá entender esto) y no tuve que sufrir conversaciones sobre el clima, la política nacional, el precio de los alimentos o la ineptitud ajena para conducir en la vía pública.

Cuando llegué a mi destino, bajé del auto y le di las gracias más efusivas que podía darle. Tuve ganas de decirle: “ojalá todos fueran como vos”, pero habría roto ese pacto tácito de que el silencio muchas veces es sano.

11 comentarios:

Lisandro dijo...

Yo creo que, a pesar de que estos sujetos suelen ser insoportablemente charlatanes, ud. tiene la culpa, ud. y su manera de entrarle a la gente -nueva o no- de una manera tan asistemática como fuera de protocolo. Eso es, ud. siempre está fuera del protocolo, como cuando nos dijeron que había que ir a Tesorería y ud. levantó la mano y saludó al cartel de Tesorería ante la mirada absorta de los presentes y mi regocijo.

Antonio dijo...

Cuando se te arremolinan conversaciones indeseadas, la mejor opción es transformarse en Holden Caulfield.

Anónimo dijo...

Charlan y se enojan porque están muy drogados requete desprolijos. Cuando quieras, mi querida, nos subimos a uno y nos hago echar.

Aldana.

Brenda V dijo...

¿Recuerdas, Aldana, cuando te enojaste con un taxista (la verdad no recuerdo por qué) y nos bajamos de su auto con todos los bolsos que traíamos de MDQ?
Era bien temprano en la mañana, yo seguro estaba medio dormida o algo, pero el hecho en sí se ha grabado en mi memoria.
Hasta mis recuerdos que mi confirman lo grande que sos.

Axel-O-Rama dijo...

Algún día en algun evento social, contaré la historia del tachero que se volteaba a una mina casada, y le pagaba el telo + el viaje + la hora de espera.

dAnonino dijo...

Los tacheros tienen otras dos cualidades, por lo general: futboleros y machistas. Mi teoría es que siendo hombre uno tiene más chances de caer en el jarabe mandibular; si no es el tránsito, el gobierno o el cereal canadiense,te agarran por el lado "faaaa viste ese caramelito?",casi siempre un gato feroz,a lo que uno replica con una sonrisa y cara de "sí,le doy,claro".La táctica es mutar el rostro a uno "vos sos un cometrapos,hermano".Y el último recurso,como siempre hay fútbol, es bancarme las puteadas al Diego y la selección.
El tipo asume que una mina no sabe nada de fútbol y como no se animará a tirarte un centro tortillero,serán dos puntos menos que abordar. Y todo vuelve al gobierno.

nwll dijo...

Los tacheros son una mierda, todos, unos resentidos del carajo.
Yo no tengo la culpa.

Pablet dijo...

Comparto tu alegria de que el Sr. Tachero no te haya hablado. Y si ademas no olía a "24hs-sin-ducharse-com-el-culo-pegado-al-asiento-y-con-los-pelos-como-aceite-Patito", eso te habra hecho agradabilisimo el viaje!

flor dijo...

Evito los taxis. Evito, en realidad, cualquier medio de transporte motorizado, pero en especial los taxis. No me gusta, no me gusta que frenen y avancen, sigan, frenen, avancen, frenen. me hace mal. tampoco me gusta el exceso de velocidad y, a decir verdad, los taxistas me ponen un poco incómoda, como los pintores y los plomeros.
Así que opté por la tracción a sangre. Sólo si las cuadras a caminar superan las 60 o si estoy apurada o perdida hago el esfuerzo y me subo a uno.

Lisandro dijo...

Del otro lado hay gente esperando su filo.
atte.

Todo bien, todo legal dijo...

http://www.selavi.com.ar/archives/16

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