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Yada yada


Seinfeld pasó nueve años de cita en cita no porque le costara darse cuenta que quizás el amor estaba cerca y ya lo había transitado, ni porque usara esas zapatillas horrendas, ni porque viviera cerca de un lunático espasmódico o lo visitara un petiso fabulador y tacaño.

Pasó nueve años solo porque era, lisa y llanamente, un palo en el culo. Dedicó esa cantidad de años a mostrar todas las pequeñeces que pueden llegar a irritar más que el ladrido de cuatro perros en el medio de una fresca noche de verano.

La comedia que se desprendía de esa intolerancia funcionaba tan bien porque por sobre todas las cosas era sutil. Carecía de todos los lugares comunes en los que sistemáticamente caen las comedias de situación más facilistas. No he visto serie hasta el momento -y Dior sabe que dedico un tiempo más que considerable a ellas- donde las relaciones interpersonales se traten con tanta inteligencia, sagacidad y sencillez.

Resulta que Seinfeld (dando por sentado el hecho de que el crédito por todo lo anterior también deba ser atribuido al genial David) encontró una nueva faceta que explorar. Hoy, ya casado por la misma cantidad de tiempo que su único y mundialmente famoso producto televisivo estuvo en el aire, vuelve al horario estelar con su nueva fuente de inspiración: el matrimonio.

The Marriage Ref es un reality show de una hora que presentará parejas en conflicto. Con comentarios de famosos de por medio (lo que parece ser el recurso perfecto para garantizar continuidad o levantar muertos), un árbitro decidirá quién de los dos tiene la razón. Esto puesto en palabras huele sencillamente a sorete enlatado. Es decir, que una espera tan larga sea recompensada con un típico programa que People and Arts transmite en su horario estelar o con un talk show de la tarde conducido por Oprah Wimphrey (casualmente una de sus productoras está encargada del proyecto), es ridículo. Pero lo mismo pensaron los productores de NBC cuando vieron el piloto de Seinfeld; nunca pensaron que años después terminarían pagándoles una cantidad exorbitante de dólares por episodio con tal de que el programa no terminara.

Así que a meter los prejuicios en una caja de cereal y a esperar, no se sabe hasta cuándo, que tanta ausencia haya valido la pena.

Iron Maiden


En un país que soportó y celebró al menos diez años de Andrea del Boca como diva indiscutida de las novelas de la tarde -con sus gestos repetidos, sus excentricidades inverosímiles y sus chascarrillos patéticos- no debería sorprendernos que otro fósil de la farándula encabece el prime time con ningún estilo o talento.

Este tiranosaurio Rex con carré rubio y sobreactuados gestos, también conocido como Maria Valenzuela, hace de esposa de Osvaldo “me gustan las tangas de leopardo metidas en la raya” Laport en otra de esas comedias costumbristas y poco innovadoras llamada Son de Fierro. Gracias a Dior ya está llegando al final, y nos van a ahorrar tener que escucharla gritando como si le hubieran quemado la zona del cavado cada vez que siente, innecesariamente, que el guión se lo permite.

Antes que siga vomitando estas palabras de odio inconmensurable, me es menester confesar que jamás he visto un capítulo entero, que juzgo desde la nada sólida base de los avances y los pocos minutos que llego a soportar antes de que la ira me conduzca directamente a darle un tucumano a la heladera y quedar inconsciente antes de seguir padeciendo un diálogo más en los labios de “Mariquita”.

Vestida como una adolescente empleada de un banco, madre de no se qué cantidad de hijos, ahora vive bañada en lágrimas porque está en duda la paternidad de su hijo, debatida entre Laport y Seefeld. A ver señores, De Laport uno ya se espera y se cree cualquier cosa, quizás en eso resida un poco el atractivo del tipo, pero no nos vendan que Seefeld puede encontrar atractiva a esta imbécil, tan mongos no somos. Nadie en su sano juicio soportaría más de diez minutos de ese timbre de voz penetrante y suicida con el que la señora acompaña sus palabras.

Lo que más me preocupa de esta situación que la tiene como protagonista es que ella pertenece a esa camada de actores argentinos que vaya a saber uno por qué motivo han sido consagrados y bautizados como artistas talentosos. ¿Pero dónde se ha visto? ¡Hasta la nena de Patito Feo es más verosímil que esta vieja! Cortemos la hipocresía de una vez, saquémosle la telaraña al juicio de los productores y críticos y jubilemos a este habitante del Mesozoico que nunca aportó nada interesante a la ficción nacional.

Las ideas son a prueba de balas


La anarquía, la acefalía, la descentralización del poder, la ausencia de endocentrismo son utopías que he entretenido en mi cabeza por años. La política como desprendimiento del entendimiento e interpretación humano me parece tan falaz e inútil como vivir sin la música.

Sí, ya sé, entiendo perfectamente lo limitada que es mi visión, lo ingenuo que es pensar que podríamos convivir en armonía en un mundo sin reglas ni leyes impuestas por pares que elegimos entre pares similares con mayores o menores similitudes y diferencias. Siempre tratamos de elegir entre lo menos peor con la mayor resignación.

Pero siempre que lo veo a él, a V, aparte de caer perdidamente enamorada de él, me dan ganas de creer de nuevo que hay cosas que pueden suceder. Que el miedo se puede erradicar, que los ideales pueden permanecer. Todo es tan poético, todo tan posible. Me recuerda a cuando era más joven y me creía lo suficientemente omnipotente como para cambiar el mundo.

Y venía cargada de esperanzas para este año que comienza, que HBO me haya bendecido con la emisión de esta maravilla no hace más que confirmar que pueda lograrlo.

No puedo creer como aún no tengo esa careta entre mis pertenencias, la voy a comprar para recordarme cada vez que necesite que la revolución no debería ser un sueño eterno.

Rumor has it...


Ser rica, joven y linda es el sueño de toda chica. Cumplirlo para algunas es fácil, para otras no tanto, lo bueno es que siempre se puede recurrir al botox, a la lipoaspiración o un millonario septuagenario.

Las chicas de Gossip Girl cuentan con los tres pilares básicos de la felicidad femenina. Son hijas de padres famosos y de buena posición, son hermosas, tiene sólo dieciocho años y viven en el el Upper Side de Manhattan, la zona más top de la isla.

Es una serie de mierda, previsible, llana y trivial pero es de esos placeres culposos que no se pueden evitar. El piloto abre con Young Folks y más o menos a la mitad empieza a sonar el gran Albert Hammond Jr. Con esas dos cosas ya me compraron, sumémosle las mejores postales de Nueva York y una vida de ensueño y tenemos los condimentos necesarios para pasarla de perlas sin tener que usar ni un cuarto de nuestra capacidad intelectual.

A los que me rodean les pido que la miren, ya que mis charlas estarán plagadas de referencias a estas jóvenes y menos fucked up versions de sex and the city.

Empieza la semana que viene en Warner.

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